miércoles, 28 de abril de 2010

Algún dia esto morirá, igual que tu, igual que yo.

No me encuentro en el espejo,
querer morir no describe todo este secreto,
las palabras surgen de un territorio jamás conocido,
y realmente esto no es ningún sentimiento.
Dios mio, que inútil fui,
que imbecil haber pensado que había probado
algo de tu asquerosa frialdad.
Dios, esto es el infierno, y lo que viví fue el cielo,
me acorralaste con la muerte y mi peor enemigo,
me tiraste al vacío solamente conmigo misma.
Que desgracia saber que debo llevarme
este tumor en mi alma que me tortura y se desliza,
cada segundo,
cada momento,
y soy su alimento,
cada entraña y pedaso de mierda,
cualquier desgracia,
cualquier anhelo,
se lo absorbe y lo acaricia,
con tanta perversión que siento que mi avaricia
se desliza en toda esa codicia,
la codicia de mi vida,
que no basta, aunque no exista.
PERO ES QUE YA NO ME ENCUENTRO EN EL ESPEJO,
aunque jamás me haya visto,
me encantaría saber
que es lo que mi reflejo piensa de ella misma,
y que es lo que contempla,
y si ella algun día me quiso,
mas que yo algún día podre conocer.
Esta soledad va a la vanguardia,
alcanza el cuerpo mayor
y detona ni una caricia.
Que admiración, otraves esta obsesión,
sin ni una modestia, ni una clara respuesta.
Sin ningúna razon para seguir con mi respiración,
busco la canción de la reencarnación.

jamás me encontrare en mi propio espejo,
y aunque el deseo de morir no describe nada del sentimiento,

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Admiro mucho el arte.